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17 febrero 2013

De domingo...


Mira, a mi no me cabe más chocolate hoy en el cuerpo. Podría caberme,  si me liara a vomitar todas las chocoperlas, tazas de cremoso y espeso elemento, palmeritas bañadas en el mismo y barritas de Biomanán de 99 kcal (3 unidades) que me he zampao hasta este momento en lo que llevo de domingo. Pero hasta ahí podría yo llegar,  así que todo ese cacao sólo puede seguir un camino por mi cuerpo, llegados a este punto. Las cosas claras, y el chocolate espeso (al final vomito, ya lo verás).


La cuestión es que debería ir asumiendo que no tengo forma de afrontar los domingos nihilistas. No existe dosis de chocolate suficiente, ni supuestas endorfinas consecuentes a tal dosis, que me animen en días como hoy. Quizá una hostia bien dá si, pero hoy no es el día en el que me desengancho el brazo y fabrico un sistema de poleas y muelles a tal efecto, no soy Leonardo da Vinci, ni mi padre. Mi estomago agradecerá esta revelación, estoy segura. Y me jode, ¿eh?. Porque  después tengo cosas super molonas como la autosanación, que no se la salta un gitano, y que probablemente sea un superpoder muchos más chachi que el de pasar los domingos en calma y paz. Pues me sigue jodiendo, porque para otras cosas soy muy mundana, como, por ejemplo, no apreciar lo que tengo, hasta que lo pierdo, y cuando pierda la autosanación, pues me va a joder muchísimo, lo se, y el hecho de saberlo, pues no hace que me joda menos, si no más. A esto le sumas el nihilismo pasivo dominguero y te darás cuenta rápidamente que lo mio es fuerza mental sobrenatural al seguir con mi vida pese a todo, sep, otro superpoder que tengo y que perderé cualquier anodino lunes,  sin venir a cuento y se montará el cirio pascual, que te lo estoy diciendo y tú no me echas cuentas.

Autosanarme es un superpoder que tengo desde hace poco. Desde el martes de hace dos semanas. Que fui al médico a que me quitaran un tapón del oído, que tenía catalogado desde las 3 últimas revisiones del médico de la empresa, y salí con una tarjeta sanitaria nueva que me hizo la señora de la recepción al ver que en la que llevaba todavía figuraba el nombre de mi pediatra (Don Ángel), y no me hizo falta ponerme a llorar y contarle que yo me empadroné hace mucho tiempo ya en este barrio, para aprovechar un descuento en el gimnasio de esta misma calle, al que fui durante un mes y sin mucha disciplina horaria, y que, gracias a eso, me llamaron 3 veces a las mesas electorales de mi nueva comunidad, que si no le parecía ya bastante castigo, y que por favor me quitasen el tapón del oído que me  estaba robando la paz, que yo no gastaba casi la parte que me toca de la sanidad pública, porque para eso pago mi seguro privado, para no molestarles mucho, y para miomas y cosas asquerosas, ya les doy la murga a ellos (los otros) y que para el dentista voy a Pablo, que ni me lo paga el seguro privado ni nadie, pero es guapo de cojones y en la clínica está Ana, y así charramos un rato…por favor, quítame el tapón y no haga más preguntas, y bla, bla, bla…
 Cuando estaba a punto de soltarle todo eso me dice que en ‘un momento’ me saca la tarjeta nueva,  para que no tenga problemas si un día sopla el viento de otro lao, supongo, porque todavía no tengo claro si hablaba mi mismo idioma. Estupefacción. Sin pagar, ni esperar, ni nada, me da mi tarjetilla. Pues salí con la tarjeta, mi tapón y una infección de oído diagnosticada un poco a la ligera, me atrevería a decir. Una semana estuve inundándome el oído derecho con gotas (chorros, porque ya hablaremos de lo fácil que es echarse uno gotas en los oídos, cuando tengamos un rato), y al martes siguiente, cuando volví al centro de salud, la doctora me informó :
Doctora- Aquí no hay infección, ni tapón.
Yo- Tapón tiene que haber, porque me lo han dicho ya 3 veces y porque no oigo una mierda. La infección se habrá ahogado.
Doctora- Pos no hay tapón.
Yo- Pos me habré autosanado.
Doctora- Pues te habrás autosanado.
Yo- Pues buenos días tenga usted, voy a seguir con mis partidas del Poker Stars, que me ha partido esto la mañana.
Doctora-buenos días y deje abierto, que tengo que llamar a otro superhéroe ludópata…

Y ya. Autosanación al canto. Porque tapón había. Además que lo de no oir una mierda y lo de los super poderes me viene de mi madre, y a la genética no se le pueden hacer oídos sordos (tic tac, tic tac), imposible es quitarme estas ojeras también, no hay Touch Éclat que las tape. A ella la operaron el año pasado del oído, porque el tapón se le convirtió en algo operable, escatimaré lo detalles. Y fue después de eso cuando le sobrevinieron los superpoderes extraordinarios en forma de audición extrema. Cómo cualquier ser extrasensorial, que no controla su don, a punto estuvo de perder la cordura a causa de un ‘ruido’ que no la dejaba vivir. En su propia casa. Uno indetectable, sólo detectado por nuestra heroína y por los delfines del Aquarium de Valencia. 
Mi padre sacó los cojones suficientes, esos que uno saca cuando la situación está a punto de sobrepasarle a uno, después de haber tenido a mi santa madre dando vueltas por la casa de madrugada, buscando ‘la fuente de su desequilibrio’, durante 3 días, y llamó a Membribes a modo de ‘All in’. Membribes, como buen vendedor y arreglador de electrodomésticos, desactivó un zumbido que salía del horno, con la esperanza de haber encontrado el problema, y no tener que volver a esa casa de locos. Membribes se conforma con explicar, pacientemente, las instrucciones de los móviles, los reproductores de cosas digitales y demás aparatos con circuitos que Membribes vende a mi padre. Si Membribes hubiera sabido esto en los 80, cuando les vendió el primer radicassette a mis padres, hubiera cerrao el chiringuito y se hubiera ido a vivir a las cuevas de Canalobre, estoy segura. Todo cierto, todo verídico.

Mi madre volvió a dormir, pero nadie más volvió a pensar en mi casa. Porque mi madre oía los pensamientos, las respiraciones, y todo lo que acontecía a 20 m a la redonda. Sufrimiento en las montañas.
Pero Dios aprieta, aunque no ahoga, e igual que vino, el superpoder se fue. No voy a entrar a examinar las causas, que podría, pero lo cierto es que se fue. Y ahora lloras. Pues lo que te digo, un día tienes algo, y al siguiente ya no, y entonces lloras.
¿Cuánto tiempo crees que me queda de disfrutar la autosanación? ¿ Hasta cuándo tiene uno para poder contar con un Membribes de turno? ¿Sabes si alguien está tramando chapar Porker Stars? ¿Cambiará alguna vez el hecho de levantarte con sueño por la mañana? Y si quiero seguir levantándome por las mañanas, aunque sea con un sueño de la hostia, aunque sea sin superpoderes, eso no tendría por qué cambiar, ¿no?, ¿o qué?,¡Y si yo quiero!

Yo hoy diría, por este orden : indeterminado, hasta que a Membribes se le hinchen los cojones, seguro, mira lo que pasó con MegaUpload, de un día pa otro, indeterminado, pero no cuentes con eso a corto plazo, y, yo creo que sí, todo cambia algún día, pero no se, no me hagas mucho caso, porque yo hoy estoy nihilista, como cada domingo.

A.S.P.