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28 diciembre 2012

De mentiras encubiertas...



Mira, estoy muy bien ¿sabes? Sip, muy tranquila, muy zen, muy tal y muy pascual. Muy bien, vamos, en resumidas cuentas. Bien. Optimista, como soy yo, super optimista y positiva a más no poder. Absurdamente depurada me noto. Hasta las orejas de té verde, si te digo la verdad. Cómo no tengo nada que hacer, pues me hago té verde depurador de cuerpo y alma. No es que tenga nada que me atormente en el alma, ni nada, que necesite depurarse urgentemente, ni nada. Pero como no tengo nada que hacer, pues me hago té verde…¿esto te lo he dicho ya? Té verde. Y lo hago verde porque otros me empalagan y no me depuran tanto. Y me restan paz, claro. Hoy me he tomado 7 tés, verdes todos. No altera nada, depura. Y calma. No es que necesite calmarme, ni nada, porque estoy super bien sin hacer nada. Y optimista. Eso sobre todo. La nada está bien, y la depuración es la hostia. Voy a hacer pis.

Estoy bien. Me encanta el cambio. Soy positiva con respecto a este respecto. El cambio está bien, como la depuración. Quiero que el cambio me pille calmada, positiva y depurada. Desde aquí te lo digo : 'Cambio, ya estoy lista, puedes aparecer cuando quieras. Tómate el tiempo que necesites, que yo estoy bien'.

El Cambio me ha visitado otras veces y por eso estoy tranquila, porque ya se lo que es y se que no tiene porque ser malo.

Un viernes llegué a mi casa y me encontré que mi habitación había cambiado. Mi habitación era una estupenda estancia de 20 metros cuadrados, con balcón cojonudo para fumar de extranjis, escritorio del tamaño de un campo de futbol, camita rosa con sus sabanitas de franela rosa, armariazo gigante, estanterías con mis millones de libros y Jim Morrison a tamaño natural guardando mi sueño en el cabecero de la cama… Voy a hacer pis.

Y todo había cambiado con un solo determinante posesivo. Pasó de ‘mi’ a ‘su’, y el cambio me pegó una hostia tremenda, por no estar calmada y depurada. La indignación me sirvió de bien poco encerrada en ‘mi’ nueva habitación. La habitación del Barça. Escatimaré los detalles que caracterizaban a este habitáculo, seguro que puedes adivinarlos. Por lo menos en ese momento tenía cama donde poder yacer y maldecir el destino de una. Un viernes no muy lejano a este me encontré con que el cambio había vuelto a pasarse por mi casa sin previo aviso y se había llevado el catre de la habitación del Barça (nunca llegué a llamarla Mi Habitación) para poner en su lugar….¡UN PUFF!. Te lo prometo. No subestimes nunca al Cambio, solo te digo eso. Otro día, si tenemos otro rato, te cuento lo divertidos que eran los sábados de madrugada tratando de encontrar dónde cojones dormir en mi nueva habitación.
La última vez que eché un ojo a esa habitación vi una tabla de planchar y una bici de esas elípticas y capté la indirecta. Voy a hacer pis y a rellenarme el té.

El cambio es chachi.

 Por ponerte un ejemplo más en consonancia con las circunstancias que me acontecen, me acuerdo cuando cambié un trabajo de puta madre de administrativo de 10 a 14, sin ninguna responsabilidad y sin ningún rayo de sol (y esto es importante), que me daba perfectamente para justificar mi estancia en Alicante y no volver a las montañas (a la habitación del Barça) y para ir de vez en cuando al hospital donde hacía como que completaba una tesina chusquera por… atención…un trabajo de ayudante de topógrafo. Como lo lees. Porque necesitaba un cambio, o eso creía yo. Yo leí topógrafo, visualicé al Cambio haciéndome señales desde el más allá, y me lancé. No me creía como podían aceptar a alguien con mi nula experiencia en topografía, pero estaba pletórica enarbolando la bandera del Cambio cuando llegué a mi primer día de curro. La Ciudad de la Luz…qué gozo, qué mien todo. Iba a contruir la Ciudad de la Luz, acojonante. Cuando vi los aparatejos me dije para mis adentros ‘Damita, tú aprendes en un tris a manejar el monóculo ese con trípode, calma’. Después un chico me dio un palo, me señaló la puerta, cogió los apechusques y salió de la caseta de obra mientras me comentaba lo que se esperaba de mi, que venía a ser… ‘yo me llamo Frasquito, tu coges el palo y el walkie, te vas andando en la dirección que yo te diga y cuando por el trasto este te diga ‘¡PARA!’, clavas el palo y esperas a que te de instrucciones, no te tienes que preocupar de nada más…bueno, si, ¿has pensado que podrías venir en bikini? Ja ja ja, es broma, pero si quieres, por mi bien.’  O_O…    -_-…O_O…-_-…O_o… 
Camino Moria empecé atar cabos y a cagarme en el pulgoso Cambio.
 La indignación dio paso a los llantos cuando descubrí la marca de la camiseta en mi brazo en un descanso para comer (si, 8 horas, partidas, Cambio cojonudo, bronceado ideal). Frasquito me cambió el palo por la estación días más tarde, cansado de que no hiciera ni puto caso a sus gritos por el walkie. Me enseño a utilizarla así por encima, e incluso un poco de Autocad, para motivarme ¿sabes?…todo fue inútil.
 El día que me pico una avispa en pleno trabajo de campo en la contrucción de la carretera de Villajoyosa, tanto él como yo supimos que mis días de topógrafo habían acabado. Si quieres te cuento este episodio cuando tengamos otro rato, sólo te diré que los operarios del hormigón, excavadoras y toda la gente con casco que allí se encontraba, recuerdan el día.
Voy a hacer pis.

Y nada, eso. Por ponerte dos ejemplillos de nada…

El tema es que hace ya un tiempo que notaba al Cambio respirándome de nuevo en la nuca. Tocando me en la espalda y desapareciendo cuando me giraba. He estado otro tanto mirando hacia otro lado hasta que me he estampado con una señal gigante que reza ‘Cambio, por aquí’ (o eso he leído yo, solo espero que eso en otro idioma no signifique ‘Giro al Infierno’). Y ‘por aquí’ ando desde hace unos días… Y la cuestión es que no se como ha podido pasar, porque yo tengo muy buena memoria y aprendo de experiencias pasadas… no tropiezo nunca con la misma piedra, ni nada.

Pero estoy bien, calmada, tranquila, relajada….así, como soy yo. Una balsa de aceite, un remanso de paz, el yang (¿o era el ying?). Podría decirse que soy el Dalai Lama del Cabo de las Huertas. España, camisa blanca de mi esperanza. Soy como la voz de Ana Belén. Soy una taza, una tetera, una cuchara y un cucharón. Un junco, nada me turba. Ni me nerviosea, ni nada. Y tengo mucho té verde, que ya podría ser otra hierba, también te lo digo.
Voy a hacer pis.

Hola, ¿qué haces? Yo nada…tú menos, porque si no, ¿de qué ibas a estar ahí perdiendo el tiempo leyendo esto? ¿Eh?. A mi me da igual, no te vayas a pensar, pero vamos, tú verás… ¿Te gusta el té?

A.S.P.






6 comentarios:

  1. jajajajaja; Y esto es solo una parte de tus cambios así a bote pronto.....

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  2. ya te digo, una muestra....haciendo retrospectiva, creo que esta racha me viene desde que cambié el tenis por el baloncesto. Supongo que es el precio que uno tiene que pagar cuando se pasa de optimista....

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  3. Bueno espera!! en realidad el desencadenante fue cambiar la papilla de cereales por 'la comida de mayor'!!! ahí está el punto de inflexión, y el que todavía estoy pagando!!

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  4. Nena! El cambio siempre sera para bien! Pq si no nos gusta siempre lo podemos cambiar!!

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  5. Eso espero anónimo! Cambiar el cambio no debe de ser tan dificil!!

    (qué sabio anónimo...con razón tiene tantas frases célebres...)

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  6. Yo sólo digo que cawenelcambio y todos sus allegados
    muack

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