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01 noviembre 2011

De cuando estás condenada al fracaso


Mira, es que yo no puedo con la vida, de verdad. Es que no puedo. No soporto los asientos de cuatro en el tren. ¿Me dirás que a ti te gustan? Porque mira, es que entonces ya si que apago y me acuesto. Odio esos asientos. No entiendo por que los ponen. Es que no lo entiendo. Por putear, no me jodas. 
Porque a mi que me expliquen que necesidad hay de tener esos asientos en un vagón, que ni tienen mesita en medio, ni karaoke, ni risk, ni nada.
 Yo que se…si tuvieran por lo menos mesita, pues vas igual de jodido, pero podrías echarte un mus con los otros tres desgraciados del 2 A, 2B y 1B…no sería tanta agonía e incluso, creo yo, que me importaría menos la falta total de espacio, la lucha constante por mantener los pies en algún lugar del universo, la sensación de ser observada por el de enfrente directamente o mediante el reflejo del cristal de la ventana y sobre todo sentimiento de vacío y pérdida total del deseo de vivir que causa la visión casual del reposapiés de el de 2 asientos más allá. Esa sensación de que la vida no te está tratando bien, de que la mala suerte se cierne sobre ti. Ese reposa piés encarna el éxito del que lo pisa, mientras hace evidente el fracaso del que lo desea... Si no quieres (o no quiero yo), no lo llamamos fracaso… podemos llamarlo ‘sofraca’ o ‘casfraso’, o ‘reposapiés’, si ves que tal.

Voy en esos asientos en el 80% de las ocasiones en la que viajo en tren. ¿Por qué? Lo desconozco. Porque pongo empeño en que eso no sea así, y es que me voy a cagar en la santa calavera de quien hace los dibujitos de los asientos de cada vagón para la página web, para que tu veas el dibujito y elijas tu asiento, si tienes la suerte de marcar la opción cuando estás comprando el billete, claro. Porque si no, ya te estás muriendo del asco desde el minuto cero, al ver que la máquina te otorga, siempre al azar, por los cojones, los asientos de cuatro, en la ida y en la vuelta. Y como te descuides, en tus próximas compras.

Este último viaje ha sido lo más grande. Después de cancelar los que compré en primera instancia, porque se me olvidó marcar la opción de ‘elija usted el asiento que quiere, que nosotros pondremos después los asientos de cuatro como nos salga de la chorra y  en función de su elección’, los volví a sacar, buscando en cada paso la casilla esa, para que después de comprarlos, me saliese el trenecito dibujado, con sus asientitos ocupados y libres…
Es una angustia también cuando te sale el plano del tren. Pinchas en un vagón y ves todos ocupados menos los extremos y piensas ‘que ansiosa es la gente sacándose el billete tres meses antes’…pinchas otro vagón… ‘de verdad, que hastío de gumias, todos cogidos’…Evitas el vagón de al lado de la cafetería, por el tema de que no esté todo diós pasando por tu pasillo a todas horas, hasta que no te queda más tu tía de pincharle, porque todos los otros están hasta la bandera o les queda solo los extremos. Si el de al lado de la cafetería está lleno o a falta de los infernales, estás jodido….te toca ir examinando el detalle de los asientos. Porque estos que lo dibujan, tienen la desfachatez de dibujar los asientos en el sentido que se supone que irán…ahí es cuando sabes que tienes que jugartela, y que no te puedes fiar de los dibujantes. Siempre me la cuelan. Coges un extremo, pensando que los de cuatro están en el otro (no por intuición, coño, porque los dibujan así!) y…¿están? Ah! Pues eso será la sorpresa que tengan a bien darte los malditos dibujantes!!. Porque los dibujantes ya dibujan descojonaos de la risa de pensar la cara que se me va a quedar cuando vea la realidad.
 Lo he probado todo….he pinchao en los que están dibujados como asientos de cuatro, y cuando he llegado al vagón, eran de cuatro…SOFRACA! ‘maldita mi estampa, debí intuir el día de sinceridad de los dibujantes’. He pinchao a los del otro extremo, y cuando he llegado, los del otro extremo eran de cuatro… SOFRACA!‘esto tiene que ser denunciable, lo que tengo que enterarme es ante que tribunal’. Convencida estoy de que el día que logre un 5D por la web, estarán en el medio, y ese día, mira tu lo que te digo, quemo el tren. Sirva esto como nota autoinculpatoria, si llega ese día, no hace falta que investiguen, aquí tienen las razones y con todas las otras entradas se pueden hacer una idea del estado mental.

Yo ya llego a la estación con ansiedad. Camino por el andén buscando mi vagón con ansiedad. Ansiedad, ansiedad, ansiedad. No me llames ahí, porque no puedo atenderte. Entro jugándome la vida con la maleta, el bolso, el abrigo, el ipod en las orejas, el movil en una mano (que no me llames, que lo llevo en la mano, por vicio), el billete en la otra, con el corazón que podría bombear todo el petróleo de Venezuela a Siberia…ansiedad. 
Un mozo abre la puerta de cristal a la vez que golpea con la mano abierta en ella para llamar mi atención...'eeeeh,eeeeeeeh!!. Atravieso el umbral muerta de miedo y ansiedad, muy despacio. Cegada por la intensa luz repentina, arrastro la pezuña por el suelo con intención de derribar a quien se acerque antes de que pueda volver a tomar conciencia del espacio que me rodea. Miro a un lado y a otro tan rápido, con la respiración tan acelerada que no puedo evitar que el exceso de salivación se derrame por el albero, mientras entiendo que no tengo otra que la huída hacia delante. Porque este no es mi tendido. Y mientras leo los números de cada uno, con la esperanza de encontrar el mío ni muy rápido ni muy tarde, se suceden un sin fín de naturales, manoletinas y derechazos con sendas chaquetas, rebecas e incluso bolsos mientras otras maletas vuelan a los altillos. Una vez en los medios, siento como el acero se hunde en mi cuerpo al ver que el único asiento libre se halla al final del vagón, en unos asientos de cuatro… y comprendo que no moriré aquí, hay demasiada gente, es demasiado amplio y hubiera sido demasiado pedir que los dibujantes de asientos dejaran de putearme por una vez y me hubieran chivado que los verdaderos asientos de cuatro NO ESTABAN AL PRINCIPIO. DONDE ELLOS LOS HABIAN PUESTO!!!. No tengo más que dirigirme a las tablas jadeante, tratando de hallar un poco de paz mientras me desangro, llegando para descubrir que el ellas me espera Manolete, sentado justo enfrente de mi asiento (1 A), para darme la puntilla con su flauta de chorizo lista para ser desenvainada.
Abandonandome a mi suerte, a la extenuación y el mareo, creo ver algún inexplicable pañuelo blanco entre e respetable mientras un leve murmullo anuncia el final: SOFRACA, SOFRACA, SOFRACA...

A.S.P.

1 comentario:

  1. Querida prima mía:
    Leyendote, mi mente simple y absurda no ha podido evitar visionarte, en ese asiento de cuatro sentadita, con tu Ipod de última generación, monísima de la muerte, con unos tacones de doce centímetros y sentada con: una monja, un cura con sotana y un militar (cual chiste de trenes de toa la vida). Y mientras, Mocedades con Sergio y Estibaliz a la cabeza, asomados por la ventanilla cantando aquello de "aaaaaaaaaal compás del chacacháaaaa, del chacachaaa del treeeen, que gusto da viajaaaaaar, cuando se va en expreeees...." ... y no puedo evitar descojonarme jajajajajajaj

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